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Metodologías Ágiles

¿Un verdulero en el mundo de las metodologías ágiles?

El mundo cambió, sin dudas, y uno de esos principales cambios está directamente relacionado con la tecnología. Por eso, la clásica postal de otros tiempos en que los negocios, cualesquiera sean, dependían únicamente del factor humano y social, ya no existe más. De hecho, ¿alguien duda de que una verdulería del barrio porteño de Flores puede aprovechar los beneficios del mundo online? Para eso están las metodologías ágiles.

A esta altura, nadie debería dudarlo pero muchos aún lo lo incorporaron al día a día. Dicho esto, si sos dueño de un comercio en algún sitio del país o liderás una pyme de la que dependen 25 familias, el camino termina en el mismo punto: sumar valor.

Dicen los consultores que para sumar valor tenemos que tener algo de diferenciación. Y para tener diferenciación debemos tener un negocio probado, testeado y sólido desde las bases. Entonces, ahora sí, vamos al inicio de todo: desarrollar un negocio en base a las metodologías ágiles.

Si de casualidad leíste de qué se trata, ya avanzamos un paso. Caso contrario, una fugaz búsqueda en Google será suficiente para entender que se trata de herramientas que permiten desarrollar las etapas iniciales de un negocio sin fisuras, con más certezas y con mejores probabilidades de buenos resultados.

Metologías Ágiles

Tradicional versus agilidad

Para explicarlo como corresponde podemos ir a casos reales. Si nos guiamos por las técnicas tradicionales, una empresa decide sacar al mercado una nueva línea de botas de mujer. Para eso, el o los diseñadores crean un nuevo modelo, le ponen un precio y lo sacan a la venta. El proceso termina cuando logran determinar cuánto vendieron y si la producción fue suficiente o no.

Otro ejemplo a menor escala podría ser una carnicería de un barrio de clase media, la cual puede vender el kilo de bife angosto al mismo precio que su competencia de la otra cuadra, sin embargo, si conoce a sus clientes, sus preferencias y sus consumos, podría tener una ventaja al ofrecer una promoción del producto más saliente en el momento más indicado.

En una gran corporación, por ejemplo una automotriz, la producción a escala de un nuevo auto puede encontrarse con un mercado que lo recibe muy bien o que lo convierte en un verdadero fracaso. De allí que las metodologías ágiles permiten hacer un estudio previo con diversas herramientas para minimizar el margen de error, llegar al usuario a través de los canales más predilectos, y avanzar en las etapas del negocio con bases firmes y sólidas.

Caso de éxito

El Design Thinking es una metodología propia de los diseñadores que ayuda a solucionar todo tipo de problemas de una forma creativa y práctica, usando simultáneamente el lado derecho derecho (creatividad, sentimientos, imaginación, intuición) e izquierdo (lógica, estrategia, practicidad) de nuestro cerebro. Descrito así, puede parecer una técnica muy etérea, pero cada vez son más las empresas que la utilizan por sus magníficos resultados. En este artículo os queremos narrar uno de sus casos de éxito, el ejemplo de Airbnb.

Según el diario online Ciudad Emprende, la historia comienza en 2008 cuando la plataforma de alquiler de habitaciones y casas entre particulares nace de la mano de Brian Chesky, Joe Gebbia y Nathan Blecharczyk. Al año el modelo de negocio apenas gana los 200 dólares semanales y se encuentra al borde de la ruina.

Joe Gebbia pensó que había que empatizar con los clientes para saber que necesitaban, cómo mejorar su experiencia y el servicio. Esta aproximación al problema propia del Design Thinking la conoció en la Escuela de Diseño de Rhode Island, donde ingresó después de abandonar los estudios de informática.

Gebbia afirmaba que “nosotros teníamos la mentalidad de Silicon Valley, es decir, pensábamos que la única manera de solucionar cualquier problema era a través de la pantalla del ordenador.” Cuando cambiaron de mentalidad y aplicaron la creatividad, la solución llegó.

Tras analizar los anuncios de su página en New York, alrededor de 40, comprobaron que todos tenían un elemento en común: la baja calidad de las fotografías. Los usuarios desconfiaban de las ofertas porque realmente no llegaban a ver dónde iban a alojarse. Ahí estaba el error, la idea fallaba en el principio.

Cambio radical

Así que guiados por su intuición y con una cámara en la mano, renovaron las imágenes de los usuarios por otras profesionales donde el huésped interesado vería perfectamente y de una forma más atractiva los alojamientos disponibles, ofreciéndole confianza.

Una semana después, Airbnb comenzó a facturar el doble semanalmente, 400 dólares, hasta cubrir en estos momentos unas 1.500.000 anuncios en 192 países y 34.000 ciudades. El no ser cuadriculados salvó la compañía. Una visión creativa resolvió lo que los tres fundadores habían sido incapaces de solucionar delante de sus ordenadores durante meses.

No siguieron los códigos que habían aprendido en la escuela para que una empresa funcionase y siguieron las claves del design thinking: empatizar, definir, idear, prototipar y testar.

Los buenos resultados conseguidos han propiciado que la firma implante esta metodología en su día a día, fomentando la participación creativa de todos sus empleados en su trabajo. Al incorporarse un profesional nuevo, por ejemplo, debe hacer un viaje a través de la plataforma viviendo la experiencia como un usuario para después documentarlo con el objetivo de mejorar el servicio.

Así, el Design Thinking se ha convertido en definitiva en una herramienta imprescindible de las empresas innovadoras, las cuales se centran en la persona, en un estilo de trabajo colaborativo donde los profesionales optimistas y empáticos podrán experimentar en busca de soluciones ingeniosas, beneficiando a la sociedad en general y al mercado empresarial en particular.

Nestor Muñoz