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Cuando la competencia no admite treguas: el caso Claremont

Claremont libreria
Claremont libreria

La frase es como esas definiciones que constituyen el ABC de algo. El «servicio lo es todo» podría ser lisa y llanamente un tatuaje en el brazo izquierdo de un comerciante o dueño de una empresa. Y para eso, qué mejor que recurrir a casos reales, esos que marcaron historia al tomar decisiones pensando en la competencia . Uno de esos casos es el de Claremont,

Claremont es el nombre de una modesta librería situada en un pequeño pueblo inglés, lugar donde la empleada de uno de esos locales se encontró con que el libro que pedía un cliente no lo tenían en ese momento. Claramente, obviando los hábitos y costumbres de un comercio en un pequeño poblado en comparación con una gran urbe, la cuestión de fondo es la misma: ¿qué hubiéramos hecho?

Muchos podrían optar con un «no lo tenemos en este momento, mil disculpas». O, como en el caso de esta empleada, hacer todo lo contrario. ¿Qué hizo? Según cuenta el libro Saberlo es Negocio, la empleada le pidió al hombre en cuestión si podía aguardar unos minutos a que volviera.

Con la venia del buen hombre, la mujer se fue y volvió 20 minutos después con el libro en la mano, No, no había ido al depósito que está a la vuelta o a su casa. Había ido al pueblo más cercano, a 3 kilómetros, a buscar el pedido que le habían solicitado.

El cliente, sorprendido por la acción de la mujer, le dijo: «Pero me hubiera dicho e iba yo, así usted no se molestaba en absoluto». Y la respuesta, digna de ser enmarcada en una pared, fue gloriosa: «En absoluto señor, yo no puedo permitir que usted conozca a mi competencia«.

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