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Honda: la historia más impactante de cómo hacer una empresa

Honda A Type
Honda A Type

Podemos contar miles de historias sobre ideas de negocio que han aparecido de la forma más inédita. O, por ejemplo, cómo una ignota empresaria encuentra en pequeños detalles cómo descifrar los hábitos de las personas. Pero este caso es impactante: hablamos de Honda, una multinacional que tiene una historia eterna detrás.

Soichiro Honda dejó de existir hace un cuarto de siglo, pero todo lo que este ser humano dejó en pie es digno de tener en cuenta para uno mismo, para aprender y para aplicar al proyecto propio. No, no es una fantasía: es real y hay que saber todo lo que hizo y cómo lo hizo.

Los primeros pasos dan cuenta que Soichiro Honda tuvo su primer contacto como aprendiz en un taller mecánico que pertenecía a dos hermanos que, durante la noche, ahorraban horas de sueño y las ponían en diseñar coches de carrera. El propio Honda se propuso como piloto del auto que, años después, ganaría el Campeonato de Japón.

Con esa victoria, Honda regresó a su provincia y abrió un taller propio impulsado por su popularidad tras su aparición en el mundo automovilístico. Así, comenzaron a crearse nuevos talleres en otras ciudades. Increíblemente, con varias sucursales y cierta edad, recién ahí Soichiro entendió que debía estudiar, algo a lo que siempre prefirió dejar de lado. No funcionó: fue expulsado al no querer hacer el examen. Le interesaba la formación, no el diploma.

Tal como en sus primeros años, este japonés incansable trabajaba todo el día en el taller y de noche, sí, se abocaba al mundo de los autos de carrera. Todavía estaba lejos el conglomerado que hoy conocemos, pero casi no llega a hacerlo: por poco se mata en su propio auto diseñado.

Honda a prueba de balas

Lo más interesante de todo es lo que sucedió desde la década del 30. Honda, con sus talleres a cuestas, debió aguantar dos tremendos sucesos como la Guerra Sino Japonesa (1937-1945) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). ¿Cómo hizo para no desaparecer? Digamos que hoy lo llamaríamos algo así como «relación con proveedores».

Honda superó esos años críticos donde el resto de las empresas desaparecían como humo gracias a los aros de pistón que le proveía a Toyota, la misma empresa que varios años después se convertiría en su competencia. En ese tiempo, los aros de pistón habían sido diseñados por el propio Honda que debió superar durísimas pruebas de calidad para poder abastecer al otro gigante nipón.

En 1945 ocurrió lo inevitable. Estados Unidos bombardeó muchas ciudades y dejó en ruinas -literal- la fábrica regenteada por Honda. Ante esto, decide no reconstruir la fábrica, le vende el negocio a Toyota, se aleja del negocio y se pone a fabricar whisky casero para familiares y amigos.

Evidentemente, el destino automotor era muy fuerte, y un año después Honda abre una fábrica conocida como Honda Technical Research Institute, dedicada a producir motores para motos. Ahí vino ese nuevo insight: instaló el motor de una pequeña radio militar en una bicicleta, tomó una bolsa y la llenó de aceite.

Ese invento se popularizó bajo el nombre de “chu-chu” (por el ruido que hacía al andar) las ventas superaron las 1.500 unidades. Un año después, en 1947, el increíble “chu-chu” tuvo un rediseño que ahí sí dio el gran salto a lo que fue la primera Honda A-Type, el gran invento de Honda que salió al mercado mundial.

Otro año después, en 1948, Soichiro entendió que había que reconvertir el Instituto en una empresa fabricante, y así nació formalmente Honda Motor Company. El resto es historia conocida por todos.

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